La falta de trazabilidad metrológica genera pérdidas millonarias en la industria a nivel global

No es un error visible. No deja rastros evidentes. De que ocurre, ocurre, pero la valoramos cuando las consecuencias son millonarias. En casi todos los sectores industriales donde haya que realizar una medición, desde el envío de una nave al espacio, pasando por la industría farmacéutica, la minería y la preparación de alimentos, es un problema técnico, poco comprendido  fuera de los círculos especializados, que se repite con frecuencia inquietante: la falta de trazabilidad metrológica.

En términos simples, se trata de mediciones que no pueden vincularse de forma confiable con estándares internacionales. En términos prácticos, significa que los datos sobre los cuales se toman decisiones críticas podrían tener errores  por lo que podrían estar equivocados,  lo que sería algo bastante serio desde el punto de vista técnico ya que:

  • No existe una cadena documentada de calibraciones que conecte la medición con patrones de referencia a un Instituto Metrológico Nacional y estos a la vez al Bureau International des Poids et Mesures (BIPM).
  • No se puede demostrar que los instrumentos estén correctamente calibrados y verificados
  • No se puede conocer que el método empleado esté adecuadamente
  • La incertidumbre de la medición no está bien establecida o respaldada.
  • El resultado no es comparable con otros resultados obtenidos en distintos laboratorios o momentos.

El dato que nadie cuestiona

Toda industria moderna se sostiene sobre números: concentraciones químicas, niveles de emisión, porcentajes de recuperación, cantidad de combustible, potencia eléctrica. Sin embargo, pocas veces se cuestiona el origen de esos datos.

Según el BIPM, una medición solo es confiable si existe una cadena documentada que la conecte con el Sistema Internacional de Unidades (SI). Cuando esa cadena se rompe, por falta de calibración, uso de patrones no certificados o errores en los métodos, el resultado pierde sustento técnico, y aun así, esos datos siguen utilizándose.

Errores que escalan

El problema no es teórico, tiene precedentes concretos en distintas situaciones que han ocurrido en los últimos años y algunos de ellos bien conocidos.

En 1999, la pérdida de la sonda Mars Climate Orbiter reveló cómo una discrepancia en unidades -SI- puede destruir una misión completa. Más de 100 millones de dólares se perdieron por una falla básica de coherencia metrológica.

Años antes, en 1983, el incidente del Gimli Glider dejó a un avión sin combustible en pleno vuelo. El origen: un error en la conversión de unidades al calcular la carga de combustible.

También en 1999, un paciente hospitalizado sufrió una sobredosis de sedante al recibir 0,5 gramos de fenobarbital en lugar de 0,5 granos. Un grano equivale aproximadamente a 0,065 gramos.

En 1996 una importante empresa minera tuvo que reconocer que los resultados con los que había vendido el 51% de un proyecto tenía sesgo,  por la metodología que se había empleado y carecer de patrones que permitiese darse cuenta a tiempo.

Los casos comparten un patrón: nadie detectó a tiempo que los datos eran inconsistentes.

Minería: el valor de una décima

En la industria minera, donde se mueven miles de millones de dólares, la trazabilidad metrológica tiene un impacto directo en la valorización de activos. La concentración  de un mineral, la cantidad de metal contenido,  se determina mediante procesos de muestreo y análisis químico que deben cumplir estándares rigurosos y posteriormente a través de otros ensayos, evaluar factibilidad de extraer ese metal y de sacarlo bajo condiciones que permitan un retorno adecuado de la inversión.

Pero especialistas consultados advierten que la principal fuente de error no siempre está en el laboratorio químico, sino antes, en el muestreo y después,  en las pruebas metalúrgicas

Una muestra no representativa o un ensayo  puede sesgar todo el resultado posterior. Si a eso se suma falta de calibración en equipos o uso de estándares no trazables, el resultado final puede alejarse significativamente de la realidad.

“Una diferencia mínima en la ley puede significar millones de dólares en una operación de gran escala”, señalan profesionales en distintos Congresos y Seminarios en donde se comparte la información.

Pese a la existencia de normas como ISO/IEC 17025 “Requisitos generales para la competencia de los laboratorios de ensayo y de calibración”, su aplicación no es uniforme. En muchos casos, los controles metrológicos dependen más de la cultura interna de las organizaciones que de una fiscalización efectiva.

Farmacéutica: cuando el error llega al paciente

El problema no se limita a lo económico. En la industria farmacéutica, errores en la medición de principios activos pueden derivar en productos fuera de especificación.

La Food and Drug Administration (FDA) ha documentado múltiples retiros de medicamentos vinculados a fallas en los procesos analíticos. Detrás de estos episodios, se repiten causas conocidas:

  • Equipos sin calibración vigente
  • Métodos no validados
  • Falta de trazabilidad en estándares

El impacto, en este caso, no es solo financiero: puede comprometer la salud de las personas.

Medio ambiente: datos que no resisten auditoría

En el ámbito ambiental, la trazabilidad es clave para validar estudios de impacto y monitoreo. Sin embargo, organismos como la  Environmental Protection Agency (EPA) han advertido que resultados sin respaldo metrológico pueden ser rechazados.

En Chile, la Superintendencia del Medio Ambiente ha invalidado informes cuando no cumplen estándares técnicos, inclusive a suspendido a Organismos Técnicos de Fiscalización Ambienta  lo que puede derivar en multas o paralización de proyectos. En estos casos, el problema no es solo técnico: se traduce en conflictos sociales, retrasos y costos adicionales.

Un problema estructural

¿Por qué ocurre esto? Las causas son conocidas, pero persistentes:

  • Formación insuficiente en metrología en carreras técnicas y científicas
  • Costos asociados a calibraciones y acreditaciones
  • Falta de fiscalización sistemática
  • Cultura organizacional que subestima la medición
  • Organigramas Institucionales mal orientados

El resultado es una paradoja: industrias altamente tecnificadas que operan con datos cuya confiabilidad no siempre está garantizada.

La responsabilidad difusa

A diferencia de otros errores industriales, las fallas metrológicas rara vez tienen un responsable claro. No hay un evento único, sino una cadena de decisiones:

  • Un equipo que no se calibra a tiempo
  • Un estándar cuya certificación no se verifica
  • Un método que no se valida correctamente
  • Falta de planes y programas de Aseguramiento y Control de Calidad

Cada uno, por sí solo, puede parecer menor. Pero en conjunto, construyen un resultado que puede estar equivocado desde su origen.

El riesgo de confiar sin verificar

En un entorno donde los datos sustentan decisiones críticas, la falta de trazabilidad metrológica representa un riesgo silencioso pero significativo.

Los casos documentados muestran que no se trata de errores aislados, sino de un problema transversal. Y mientras no se aborde como tal, seguirá operando en segundo plano, afectando resultados, decisiones y, en última instancia, recursos.

Porque en la industria moderna, el problema no es solo medir mal. Es no saber que se está midiendo mal.

Un recordatorio que pasa desapercibido

Cada año, el 20 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Metrología. La fecha recuerda la firma de la Convención del Metro en 1875, acuerdo internacional que sentó las bases del sistema moderno de mediciones y dio origen a la cooperación global en metrología.

Este tratado permitió la creación de una infraestructura internacional que hoy garantiza que una medición realizada en cualquier país pueda ser comparable con otra en el resto del mundo.

Sin embargo, fuera de los círculos técnicos, la fecha suele pasar inadvertida, reflejando una paradoja: la sociedad depende de las mediciones, pero rara vez cuestiona su calidad.

RQI&M