SILA: la red de laboratorios que vigila silenciosamente los alimentos en Chile

Mientras millones de alimentos circulan diariamente entre supermercados, ferias, puertos y mercados internacionales, existe en Chile una estructura técnica que opera casi fuera del conocimiento ciudadano, pero que resulta fundamental para la salud pública y la economía nacional. Se trata del Sistema Integrado de Laboratorios de Alimentos (SILA), una red coordinada por la Agencia Chilena para la Calidad e Inocuidad Alimentaria que busca articular las capacidades analíticas de 172 laboratorios públicos, privados y universitarios dedicados al control de alimentos.

Aunque su nombre rara vez aparece en el debate público, el SILA cumple un rol estratégico: permitir que el país cuente con información técnica confiable sobre la calidad e inocuidad de los alimentos que consume la población y que Chile exporta al extranjero.

La iniciativa comenzó a desarrollarse tras la creación de ACHIPIA en 2005, en un contexto marcado por la creciente preocupación internacional por la seguridad alimentaria y por las exigencias sanitarias de los mercados globales. Chile necesitaba fortalecer la coordinación entre organismos públicos y laboratorios especializados, especialmente considerando su posición como potencia agroexportadora.

Hasta entonces, múltiples instituciones realizaban análisis de alimentos de manera relativamente fragmentada. Existían laboratorios del Estado, universidades y empresas privadas trabajando en microbiología, residuos químicos, metales pesados y contaminantes, pero no había una plataforma integrada que permitiera conocer de forma centralizada quién analizaba qué, con qué capacidades y bajo qué estándares técnicos.

El SILA vino precisamente a llenar ese vacío.

Actualmente, el sistema funciona como una plataforma que reúne información de más de un centenar de laboratorios distribuidos en distintas regiones del país. Allí convergen laboratorios vinculados al Ministerio de Salud, al Servicio Agrícola y Ganadero, al Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura, al Instituto de Salud Pública de Chile, además de universidades y empresas privadas acreditadas.

Dentro de la red destacan los laboratorios ambientales de las SEREMI de Salud, presentes desde Arica hasta Magallanes. Entre ellos figuran el Laboratorio Ambiental de Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta, Atacama, Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule, Biobío, La Araucanía, Los Lagos y Magallanes, entre otros.

También forman parte del SILA diversos laboratorios pertenecientes al SAG, incluyendo el Laboratorio Lo Aguirre, reconocido por sus análisis de residuos de plaguicidas, sanidad vegetal y control zoosanitario, además de laboratorios regionales especializados en vigilancia agrícola y pecuaria.

En el ámbito marítimo y pesquero, participan laboratorios asociados a SERNAPESCA dedicados al análisis de productos del mar, biotoxinas marinas y control sanitario de exportaciones pesqueras, una tarea crítica para la industria salmonera y acuícola chilena.

El Instituto de Salud Pública de Chile también integra la red mediante laboratorios de referencia nacional orientados a microbiología, contaminantes químicos y vigilancia sanitaria.

A nivel académico participan diversas universidades. Entre ellas se encuentra la Universidad de Valparaíso, cuyo laboratorio QUIFAC forma parte del sistema, así como otros centros universitarios especializados en análisis microbiológicos, químicos y ambientales.

El sector privado igualmente tiene presencia relevante dentro del SILA. Uno de los casos conocidos es el Centro de Laboratorios Cooprinsem, incorporado a la red nacional para fortalecer capacidades analíticas relacionadas con alimentos y matrices agropecuarias. También participan laboratorios de empresas exportadoras, laboratorios de control interno y centros analíticos acreditados que prestan servicios a la industria alimentaria.

Incluso organismos especializados como la Comisión Chilena de Energía Nuclear participan mediante capacidades de análisis radiológicos aplicados a alimentos y aguas.

Más allá de ser un simple directorio, el SILA permite visualizar capacidades analíticas disponibles en el país y facilita la respuesta ante emergencias sanitarias. En caso de brotes alimentarios o detección de contaminantes, las autoridades pueden identificar rápidamente qué laboratorios tienen capacidad técnica para realizar determinados análisis.

La importancia de este sistema también tiene una dimensión económica. Chile exporta frutas, vinos, salmones y múltiples productos alimentarios a mercados altamente exigentes, como la Unión Europea, Estados Unidos y Asia. Para ingresar a esos mercados, los productos deben demostrar cumplimiento sanitario mediante análisis respaldados por laboratorios competentes y acreditados.

En este escenario, la norma ISO/IEC 17025 se transforma en un elemento clave. Muchos de los laboratorios integrados al SILA operan bajo esta acreditación internacional, que garantiza trazabilidad y confiabilidad de los resultados.

Sin embargo, especialistas advierten que el sistema aún enfrenta desafíos importantes. La participación en el SILA no es obligatoria para todos los laboratorios del país, existen diferencias en niveles de acreditación y todavía persisten brechas tecnológicas y de coordinación entre regiones.

A ello se suma una crítica recurrente: pese a la relevancia estratégica del sistema, el SILA continúa siendo prácticamente desconocido para la ciudadanía. Paradójicamente, se trata de una infraestructura técnica que influye directamente en la seguridad de los alimentos que llegan diariamente a la mesa de los chilenos.

En tiempos donde la confianza en las instituciones y en los sistemas de control sanitario se vuelve cada vez más relevante, el SILA representa uno de esos engranajes invisibles que sostienen la cadena alimentaria nacional. Un sistema silencioso, técnico y poco visible, pero esencial para asegurar que los alimentos que se producen, comercializan y exportan desde Chile cumplan estándares de calidad e inocuidad.

Las áreas de los laboratorios consideradas en SILA son:

  • Alérgenos
  • Biotoxinas marinas
  • Dioxinas y PCBs
  • Envases de alimentos
  • Fitoplancton
  • Físico-Químico
  • GMO
  • Microbiología
  • Parásitos
  • Plaguicidas
  • Química
  • Radiológicos
  • Residuos Medicamentos Veterinarios
  • Sensorial

Fuente: ACHIPIA